jueves, 8 de abril de 2010

Miento luego existo


Conocí a Raymond Reid hace unos diez años en la ciudad de Glasgow, Escocia. Estaba yo desayunando en un bar cuando el hombre se acercó a mi mesa preguntándome si estaba dispuesto a compartirla. Dado que el lugar se encontraba muy concurrido y no ofrecía un solo lugar disponible, no tuve más remedio que aceptarlo como compañero casual.
Alto, enjuto, de unos cincuenta años, canoso y vistiendo un traje marrón bastante gastado, el caballero se mostró sociable y muy educado. Pidió un café y trató de no interferir en la lectura del periódico que me mantenía ocupado. Por cuestiones de cortesía pensé que sería un gesto obligado dirigirle al menos una palabra.
- Hace frío ¿verdad?
- Sí. ¿Usted no es escocés, verdad?- preguntó. Supongo que para demostrarme que él también era cortés.
- No. Estoy de paso. Mañana vuelvo a mi país.
Así, intercambiando pequeñas frases que luego se fueron extendiendo, Reid se presentó como profesor de filosofía a cargo de una cátedra en la universidad. Su aspecto no desentonaba con su profesión, pensé.
Después de terminado el desayuno, el hombre se puso de pie y antes de despedirse me preguntó si quería presenciar su clase, si quería acompañarlo.
- Hoy es el primer día. Me gustaría que me acompañe, cuando termine con la clase puedo llevarlo a conocer algunos sitios interesantes de mi viejo Glasgow.
Dudé, pero luego decidí aceptar. Debía esperar a la noche para viajar y pensaba hacer tiempo en quehaceres turísticos, pensar en eso guiado por un nativo me pareció más estimulante que deambular en soledad por calles que no conocía.
Salimos juntos del bar. Yo gentilmente pagué la cuenta y él me agradeció con la promesa de invitarme luego con un auténtico whisky del país. Tomamos un ómnibus hasta las puertas de la universidad; un majestuoso edificio con aire de castillo medieval y grandes caminos de roca que unían las dependencias con el bloque principal. Me contó de un tal Thomas Reid y deduje, por el apellido, que sería algún pariente del cual se sentía orgulloso. Caminamos, él hablaba de su pasión por la enseñanza, de su pasión por la filosofía y en un tono más informal, de su pasión por el Glasgow Celtic. Fuimos por los pasillos; yo lo seguía. Él, con andar pausado, iba revisando las aulas hasta que dijo “Es aquí”.
El aula estaba repleta de estudiantes que murmuraban hasta que él hizo su entrada. Yo lo seguí y me ubiqué en la parte más alta del estrado en uno de los pocos lugares que quedaban libres. Los mil ojos que se encontraban allí se concentraron en su figura que, cruzando las manos a sus espaldas, comenzó a hablar al frente de la clase.
- Muy bien- dijo - Bienvenidos-
El silencio fue total, sólo algunas sonrisas complacientes ante la presencia de quien dirigiría la reunión. Reid comenzó a hablar, a modo de introducción, sobre la historia de su vida. Las hojas comenzaron a llenarse de apuntes, algunos con mayor capacidad de síntesis que otros.Pasaron no más de diez minutos y un hombre se presentó en el salón con dos encargados de seguridad.
- Reid, por favor- dijo el hombre mientras los agentes lo invitaban a retirarse.
Los alumnos quedaron boquiabiertos. Reid se opuso, pero fue rápidamente persuadido por los uniformados. El hombre que los comandaba quedó al frente del aula y se presentó como el rector de la universidad.
- Lamento lo sucedido. Este hombre se escapó de un neuropsiquiátrico y suele hacernos cosas como esta cada vez que logra escaparse. El profesor a cargo está por llegar; les ruego sepan esperar en orden.
El bullicio creció y el alumnado se sintió molesto, sobre todo los que más habían llenado sus cuadernos con las cosas que Reid estaba diciendo. Hubo carcajadas, indignación y todo tipo de comentarios. Nadie se atrevió a reconocer que lo que Reid estaba diciendo era interesante. Yo abandoné el aula y, por más que lo intenté, no pude dar con Reid. Uno de los profesores me explicó que el hombre había sido alumno de la institución y que por vaya uno a saber qué causa un día fue necesario internarlo.
Me hubiera gustado quedarme, pero tuve que partir ese mismo día. Me hubiera gustado que un loco hubiese sido mi guía por las calles de Glasgow, supongo que hubiese conocido cosas que jamás conoceré. Me hubiera gustado que alguien hubiese conservado los apuntes de aquellos minutos de clase, pues realmente habían sido interesantes a pesar de que no formaban parte del programa. Me hubiera gustado saber si alguno de aquellos alumnos dudó, a partir de entonces, de que la escena se repitiese, no sólo cuando llegó el «verdadero» profesor de la clase, sino cada vez que debieran enfrentarse a alguien por primera vez. Por mi parte, agradezco a Reid la enseñanza. Desde entonces, sólo presto atención a quienes me aseguran que la merecen.



por José M. Pascual

miércoles, 7 de abril de 2010

Lecciones de amor de papá


Nunca tengas relaciones insignificantes. Siempre ten un plan de escapatoria.

Pon atención a los consejos que estas personas recibieron de sus padres:


Espera a tu Príncipe Azul

“’Jamás te conformes, nunca’, eso decía mi padre. Él insistía que es mejor esperar a que llegue alguien realmente asombroso, que perder tu tiempo con cualquiera”. - Catherine Cantave, Silver Spring, MD



Sé respetuoso

“Mi padre siempre fue muy exigente conmigo cuando se trataba de respeto hacia la mujer. Me tenia prohibido ver la serie Casados y con hijos durante mi adolescencia, debido a la forma en que los hombres trataban a las mujeres en el show. Además, sencillamente no puede tolerar la palabra pu…, la cual considera simplemente degradante. Esto ha abierto mis ojos ante los tipos que utilizan ese término. Aun cuando lo utilicen en broma, muestra una falta de respeto y prefiero evitar a ese tipo de personas.” - Erika Shantz, NY, NY



Di las cosas como son

“Cuando tenía 16, estaba muy enojado y quería terminar con mi novia, pero tenía una sensación tremenda de culpa por hacerlo. Mi padre me dijo: ‘No le estas haciendo ningún favor al pretender que todo está bien. Lo mejor que puedes hacer en cualquier situación es ser honesto.’ He seguido su consejo desde entonces y le estoy realmente agradecido.” - Daniel Beggan, Austin, TX


Escucha a tu corazón
“Mi padre me decía: ‘La belleza es una perspectiva de los enamorados.’ Desde entonces sé que cuando realmente encuentras al amor de tu vida, lo único que ves en él o en ella es pura belleza.” - Chunbai Zhang, Boston, MA



Dale una oportunidad
“Mi padre, un viejo teólogo, me enseñó que si un hombre es lo suficientemente valiente para invitarme a salir, y no parece ser un estafador profesional, se merece una oportunidad. Aun si solamente es para salir a tomar un café o a caminar en el parque.” - Sarah Cunningham, NY, NY



Sé bondadoso
“Cuando estaba en la preparatoria, mi padre me dijo que le llevara flores a la madre de la chica con quien planeaba salir por primera vez. Es un poco cursi, pero siempre funciona. Ahora siempre llevo un pequeño regalo la primera vez que visito a los padres de una chica.” - John Wiseman, Tulsa, OK



Sigue la regla de oro
“Mi padre me insistía en que nunca fuera demasiado fácil. Él decía: ‘Haz que se esfuerce un poco para conseguir a alguien tan fascinante como tú’.” - Elizabeth Harp, Baltimore, MD



Aguanta
“Mi padre me decía que buscar una relación es como ir de pesca: ‘Tienes que aventar el anzuelo varias veces antes de que muerda bien el pez’. Eso siempre me animaba para no deprimirme.” - Johnny Palmer, Burlingont, VT



Ten citas interesantes
“Mi padre me enseñó que debía salir con hombres educados y que tuvieran un poco más de experiencia que yo. Hombres que conozcan sobre el mundo y que tengan experiencia en relaciones de pareja. ¿Por qué razón? De esta forma, cuando él me descubra, sabrá que tiene a una gran mujer en sus brazos” - Anne Meesriong, DeKalb, IL



Cuídate de los gañanes
“Mi padre me decía que: ‘Si un chico te ofrece la vista de su apartamento o su increíble piscina, muy probablemente no tenga ninguna de las dos’. También me insistía en que no perdiera mi tiempo con chicos que no me abren la puerta, o que no se ofrecen a pagar mi cuenta en el restaurante durante las primeras citas.” - Lindsay Craig, Atlanta, GA



No te esmeres en buscar el amor
“Mi padre una vez me dijo: ‘Una relación jamás debe de costar mucho trabajo’. Cuando las personas hablaban sobre lo mucho que les costó su relación, mi padre hacía gestos y decía: ‘Mi relación jamás me ha costado trabajo. Sospecho que si una relación debe ser así, yo debo de correr hacia el otro lado.’” - Lillie Marshall, Boston, MA



Ten dinero para escaparte
“Mi padre me insistía mucho en que siempre debo de tener un poco de dinero en mi bolsa cuando salga a una cita. Él es de la vieja escuela y cree que una mujer debe de ser tratada como una reina, y espera que así sea con sus hijas. En caso de que ya no soporte estar con el tipo, él dice que debo de estar preparada para pagar la cena y un taxi si es necesario, para poder salir corriendo.” - Suzan Barnett, Meriden, CT


Matt Schneiderman editor y escritor